La bebida que representa una cultura propia

Por Rodolfo Reich para La Nación

El vermut volvió a escena. Y me pregunto, ¿por qué? Pero no tengo una respuesta, al menos, no inmediata. Sí, es verdad, llegaron marcas nuevas, son más los bares que lo ofrecen. En su definición estricta, un vermut no es más que un vino aromatizado con hierbas, posiblemente endulzado, perteneciente a una tradición milenaria, de épocas de los griegos y de los romanos. Recién muchos siglos después empezó a fortificarse (a sumar algunos grados de alcohol destilado) y a embotellarse como producto.

Pero el vermut (y acá tal vez sea mejor decirle vermú) es más que un producto; se trata, también, de un momento. Para nosotros, los argentinos, representa una cultura propia teñida por la inmigración, por esos barcos transatlánticos que anclaron en los puertos argentinos del siglo XVIII, XIX y XX, trayendo no sólo personas sino hábitos, costumbres, modos de beber, de comer y, claro, de encontrarse. El vermut es el lenguaje de esa cultura, la picada antes del asado o ese maravilloso horario, cuando el sol baja y el clima refresca. ¿Cómo no recordarlo, justo esta semana, al cumplirse once años de su fallecimiento? Sí, el vermut es el vermut con papas fritas de Tato Bores, del enorme Tato, que nos dejó moqueando aquel 11 de enero de 2006.

Hoy, el vermut, el producto y el momento, vuelve a escena. Vuelve a los bares, a los modernos de coctelería y a los notables con cien años de historia. Vuelve con más etiquetas, con diversos estilos, algunos amargos, otros delicados. Hay vermut de grifo y hay vermut italiano de $ 1000 la botella. Se asocia a la coctelería servida en jarra, le baja el alcohol a los cócteles refrescados, aporta carácter y complejidad a un destilado. Se bebe solo, en vaso con hielo, con soda de sifón, con gaseosas o jugos. Comodín de la heladera, es versátil como pocas bebidas. Sus raíces se hunden en la tradición pero evita la nostalgia, modernizado al calor de los bartenders. Es aperitivo y digestivo, reconoce hierbas diversas en su composición, desde el mítico ajenjo a lo que la imaginación de cada productor actual dicte. Vuelvo al principio: ¿Por qué regresa el vermut? No hay respuesta, porque la pregunta está mal formulada. Debería ser: ¿Cómo fuimos capaces de dejarlo de lado? El vermut es nuestro, como bebida, cultura y encuentro. ¿Y saben qué? ¡Good show!

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