Malloy’s: Bar de Playa A orillas del Rio

Por Belén Szücs – Septiembre de 2016

Sobre la calle Alvear, casi a orillas del río y en plena playa de San Isidro, se ubica este bar costero de la Zona Norte, que supo abrir sus puertas hace ya un año y unos pocos meses. Su propuesta es elocuente desde que se ingresa al lugar: la ambientación es descontracturada aunque muy prolija. En este espacio de gran amplitud los cielo rasos son de paja y el espacio es sumamente luminoso debido a los grandes ventanales que dan protagonismo absoluto al río y el horizonte, vista más que privilegiada si se tiene la suerte de conseguir una ubicación cercana a los mismos.

La decoración simula un beach bar clásico: con objetos con temática marina por doquier, que aportan mucho color. Predominan las mesas de cuatro o más comensales con sillas semi-circulares de mimbre en tonos pastel y almohadones haciendo juego, lo cual remite directamente a las comodidades que suelen ofrecen los balnearios de antaño. Los cuadros y la luminaria dan la pizca justa de elegancia que convierte al bar informal de día, en una excelente propuesta para cenar con luz tenue tras el atardecer.

El servicio rompe con lo que se podría esperar previamente de un lugar de gran convocatoria de gente joven. Un recepcionista sabe recibir cálidamente a quienes van llegando y sin prisa pero sin pausa los camareros hacen de la gentileza su carta más efectiva para su tarea.

Respecto a los platos, es recomendable hacer caso explícito a la sugerencia del lugar: un tapeo de mar que llega generoso y sin demoras a la mesa. Rabas crujientes, cornalitos en tempura con la sazón justa y pinchos de langostinos con dips de salsa tártara, alioli y mayonesa ahumada. La panera no acompaña de la misma manera, ya que la propuesta amerita pan de elaboración propia. Un tempranillo en su temperatura adecuada resulta menester para maridar lo sugerido.

Para terminar el encuentro, la tarta de manzanas no sorprende aunque tampoco defrauda: crumble crujiente -aunque demasiado abundante- que esconde por demás la deliciosa capa de manzanas laminadas en breve cocción.

Con el final de la experiencia –y del espectáculo del sol cayendo- llegan las velas y la cuenta a la mesa. Precio acorde en relación a la calidad. Este quizás es el broche justo para esta visita a Malloy’s, sobrio pero decoroso bar de playa.

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